Montserrat Bernabeu Guitart – Codirectora y directora asistencial del Institut Guttmann

Montserrat Bernabeu Guitart – Codirectora y directora asistencial del Institut Guttmann

Montserrat Bernabeu Guitart: “la innovación y la transferencia desempeñan un papel estratégico en Guttmann”

Montserrat Bernabeu Guitart es médica especialista en Medicina Física y Rehabilitación, codirectora y directora asistencial del Institut Guttmann, donde trabaja desde 1993. Fue jefa de la Unidad de Daño Cerebral entre 1997 y 2018 y ha participado en proyectos europeos sobre nuevas tecnologías de rehabilitación. Fue presidenta de la Sociedad Española de Neurorrehabilitación (SENR) desde 2005 y miembro de la Junta Directiva de la International Society of Physical and Rehabilitation Medicine (ISPRM).

El Instituto Guttmann ha sido históricamente un centro de referencia en el ámbito de las lesiones medulares y las lesiones cerebrales adquiridas, pero en los últimos años ha ampliado sus actividades hacia el concepto más amplio de la salud cerebral. ¿Cuáles son hoy en día las principales áreas de crecimiento del Guttmann y qué nuevas necesidades asistenciales cree que marcarán los próximos años?

El Instituto Guttmann mantiene la neurorrehabilitación de las lesiones medulares y las lesiones cerebrales adquiridas como eje central de su actividad. Sin embargo, las principales áreas de crecimiento se centran actualmente en el desarrollo del concepto de salud cerebral, con una expansión progresiva hacia los trastornos neuropsiquiátricos, los trastornos del desarrollo neurológico, la prevención del deterioro cognitivo, el envejecimiento saludable y las neurociencias aplicadas. Al mismo tiempo, Guttmann apuesta por la neuromodulación, las tecnologías digitales, la inteligencia artificial, la medicina personalizada y la investigación traslacional como elementos diferenciadores de su modelo.

De cara a los próximos años, las necesidades asistenciales vendrán marcadas por el aumento de las enfermedades neurológicas y neurodegenerativas, las secuelas cognitivas y conductuales derivadas de los trastornos neurológicos, el aumento de los problemas de salud mental, la necesidad de preservar la salud cerebral a lo largo de toda la vida y la demanda de modelos de atención más personalizados y digitales, orientados a la participación activa de la persona en su propio proceso de salud.

En una lesión medular o una lesión cerebral adquirida, ¿hasta qué punto es crucial iniciar la neurorrehabilitación de forma temprana? ¿Sigue habiendo margen para mejorar la coordinación entre los hospitales de agudos y los centros especializados, de modo que los pacientes puedan acceder antes al tratamiento adecuado?

La intervención temprana es un factor muy importante, pero hay que entenderla correctamente: empezar pronto no significa actuar de forma precipitada, sino iniciar la neurorrehabilitación tan pronto como la persona se encuentre clínicamente estable, con una intensidad adaptada a su situación. En las lesiones medulares y las lesiones cerebrales adquiridas, las primeras semanas son especialmente importantes, ya que coinciden con un periodo de gran potencial de recuperación y neuroplasticidad. Una intervención temprana y especializada permite aprovechar mejor este potencial, previene complicaciones secundarias —como la rigidez, las úlceras por presión, las infecciones, el dolor o el descondicionamiento— y comienza desde el primer momento a trabajar en la autonomía, la comunicación y la participación de la persona.

Sin embargo, la intervención temprana por sí sola no es suficiente. La especialización del equipo, la continuidad de la atención, la intensidad adecuada y la definición de objetivos compartidos con el paciente y la familia también son fundamentales. No se trata solo de realizar el traslado antes, sino de garantizar que cada persona acceda al recurso más adecuado en el momento oportuno y sin interrupciones evitables en el proceso terapéutico.

Y sí, todavía hay margen de mejora en la coordinación entre los hospitales de agudos y los centros especializados. Debemos avanzar hacia vías de derivación más ágiles, criterios compartidos, evaluaciones especializadas tempranas —incluso antes del traslado— y un intercambio más fluido de información clínica y funcional. La neurorrehabilitación debería comenzar durante la fase aguda y continuar sin interrupciones entre centros. Este modelo en red es el que puede garantizar que no se pierda tiempo clínicamente útil y que todos los pacientes, independientemente de dónde reciban el tratamiento inicial, tengan un acceso equitativo al tratamiento especializado que necesitan.

La tecnología avanza a un ritmo vertiginoso. ¿Qué innovaciones cree que transformarán más la recuperación de los pacientes y su calidad de vida en los próximos años en el ámbito de la salud cerebral? ¿Qué papel desempeñan la innovación y la transferencia de conocimientos en el Instituto Guttmann?

En los próximos años, la transformación no vendrá de una única tecnología, sino de la convergencia de la neurociencia, los datos y la ingeniería. Veremos avances significativos en la neuromodulación personalizada, la robótica inteligente, los exoesqueletos, las interfaces cerebro-máquina, la realidad virtual y las tecnologías digitales que permiten extender el tratamiento más allá del hospital. La inteligencia artificial también desempeñará un papel importante, ya que nos ayudará a integrar la información clínica, funcional y neurofisiológica, a predecir mejor la evolución de la enfermedad y a adaptar los tratamientos a las necesidades de cada persona.

Pero es importante destacar que la tecnología no es un fin en sí misma. Solo es verdaderamente innovadora si aporta valor clínico, mejora la autonomía y la participación de la persona, y es accesible y sostenible. Por este motivo, antes de incorporar una nueva solución, debe demostrarse que es segura, eficaz y útil en la vida real. El futuro será cada vez más personalizado: no se tratará de aplicar más tecnología a todo el mundo, sino de identificar qué intervención funciona mejor, para qué paciente, en qué momento y con qué intensidad.

En este contexto, la innovación y la transferencia desempeñan un papel estratégico en Guttmann. La confluencia entre el hospital especializado y el Instituto Universitario nos permite identificar las necesidades directamente en la práctica clínica, convertirlas en preguntas de investigación y validar las soluciones con pacientes y profesionales. El objetivo es acortar la distancia entre el conocimiento científico y su aplicación clínica, de modo que lo que resulte valioso llegue a las personas lo antes posible.

Durante muchos años hemos asociado la rehabilitación principalmente con la recuperación de funciones perdidas. Hoy en día, sin embargo, las tecnologías destinadas a aumentar la autonomía están cobrando cada vez más importancia. ¿Está cambiando el concepto mismo de rehabilitación, pasando de «recuperar la función» a «maximizar la autonomía y la participación»?

Sí, sin duda, pero yo no diría que estamos sustituyendo un objetivo por otro. La rehabilitación sigue teniendo como objetivo recuperar la mayor cantidad de funciones posible, pero hoy en día entendemos que el éxito no puede medirse únicamente en términos de capacidad motora, cognitiva o comunicativa. El resultado verdaderamente relevante es hasta qué punto la persona puede tomar decisiones, desarrollar su proyecto de vida y participar en su entorno familiar, social, educativo o laboral.

Esto implica pasar de un modelo centrado principalmente en el déficit a un modelo más holístico y centrado en la persona. En algunos casos podremos recuperar funciones; en otros, será necesario compensarlas o facilitarlas mediante productos de apoyo, comunicación aumentativa, domótica, robótica, adaptaciones del entorno o herramientas digitales. Recuperar y compensar no son estrategias opuestas: son formas complementarias de alcanzar la mayor autonomía posible.

La tecnología está acelerando este cambio, ya que nos permite superar algunas limitaciones funcionales y ampliar la capacidad de elección de las personas. Sin embargo, la autonomía no depende únicamente de disponer de un dispositivo: la solución debe ser personalizada, accesible, fácil de usar e integrada en la vida cotidiana. También es necesario actuar sobre el entorno y eliminar las barreras físicas, sociales y de actitud.

Por lo tanto, el concepto de rehabilitación se está ampliando: ya no se trata solo de entrenar funciones, sino de generar capacidades, oportunidades y participación. En última instancia, el objetivo no es que la persona realice mejor una tarea concreta dentro del hospital, sino que sea capaz de vivir con la mayor autonomía, dignidad y calidad de vida posibles en su entorno real.

De cara a los próximos diez años, ¿qué le gustaría que hubiera cambiado radicalmente en la forma en que prevenimos, tratamos y convivimos con las enfermedades y discapacidades neurológicas? ¿Y qué papel le gustaría que desempeñara el Instituto Guttmann en ello?

Dentro de diez años, me gustaría que hubiéramos pasado de un modelo predominantemente reactivo a uno capaz de anticiparse, personalizar las intervenciones y apoyar a la persona a lo largo de toda su vida. Que se cuide la salud cerebral antes de que surja la enfermedad, actuando sobre los factores de riesgo y detectando a tiempo los cambios cognitivos, emocionales o funcionales. Y que, cuando se produzca una lesión o enfermedad neurológica, el diagnóstico, el tratamiento y la neurorrehabilitación se integren en un único proceso, sin fragmentación ni retrasos evitables.

También me gustaría que los tratamientos fueran mucho más personalizados. La combinación de biomarcadores, datos clínicos y funcionales, neuroimagen e inteligencia artificial debería permitirnos comprender mejor el potencial de recuperación de cada persona y decidir qué intervención es la más adecuada, en qué momento y con qué intensidad. Pero esta transformación solo tendrá sentido si llega a todo el mundo: el gran reto no será solo innovar, sino garantizar un acceso equitativo a la innovación.

En lo que respecta a la vida con discapacidad, me gustaría que hubiéramos avanzado hacia una sociedad más inclusiva, en la que las personas puedan desarrollar su proyecto de vida con autonomía y participar plenamente en los ámbitos familiar, social, educativo y laboral. Para ello es necesario combinar la recuperación funcional con tecnologías de apoyo, entornos accesibles y comunidades dispuestas a eliminar las barreras. La discapacidad no depende únicamente de las limitaciones de una persona, sino también de las oportunidades que le ofrece su entorno.

En este futuro, me gustaría que Guttmann siguiera siendo un centro de excelencia que integre la atención altamente especializada, la investigación, la innovación, la docencia y el compromiso social. Un instituto capaz de generar conocimiento, validar nuevas soluciones y transferirlas rápidamente a la práctica clínica; pero también de compartir este conocimiento y contribuir a la transformación del sistema sanitario y social.